El pasado jueves, como otros muchos días en este año, tuve que asistir a una visita médica.
También, como es costumbre, tuve que esperar durante bastante tiempo. En la sala de espera me dio por pensar que a pesar de la gente que allí estábamos, nadie decía ni "mu". Y es cuando cogí la agenda y me dió por escribir la descripción de los personajes que allí estaban. Enfrente mío, una madre de unos 45 con su hijo de unos 15. Ella tiene cara de cansada, yo diría que de resignada y de vez en cuando se dirige a su hijo, que enganchando al móvil mediante auriculares, asiente o no y como mucho intercambia algún monosílabo. A mi derecha, yo estoy sentado en una fila de sillas en el centro de la sala, una señora que ha salido de la consulta de un médico con la nariz tapada y con cara de pocos amigos... No es para menos conozco demasiado la experiencia como para comprenderla. Llega otra chica joven de unos 16 que se sienta la lado del de 15 pero no median palabra, eso sì, seguro que no por mimetismo, sino por costumbre, se engancha también al móvil, en este caso sin auriculares... Pero con velocidad endiablada en los dedos... Detrás mio otra señora que ya no cumplirá los 60, porque seguro que ya los ha cumplido, contesta al móvil, no sin antes obsequiarnos durante un tiempo que a mí se me hace interminable con la sintonía de turno, tenían que prohibir según qué tipos de sintonías, para posteriormente obsequiarnos con una conversación de la que se enterarán en el piso de abajo... Algunos se piensan que los móviles funcionan como los tambores de los indios y que hay que gritar para que te oigan. Un despistado entra y sale hasta tres veces y parece que no sabe dónde va, mejor dicho a dónde tiene que ir...
A todo esto el relevo de personas continua y a mí no me llaman. Después de cinco minutos de 1 hora, me llaman para hacerme una radiografia de los implantes realizados 15 días antes... Una... Otra... Y otra... Y ... Así hasta que ya le indico a la señorita el sitio donde tiene que colocar el aparato y la advierto de que no me dejaré hacer ninguna más ya que no pienso salir de allí con los pelos de punta por la radiación que me está poniendo... Al final la radiografía sale, a medias, pero yo me levanto y doy por acabada la sesión y vuelvo a la otra sala de espera, en este caso la del cirujano que me tiene que quitar los puntos... Menos mal que tiene un poco de consideración y entro rápido, comento la jugada con el doctor, un tipo joven y simpático, nos reimos un rato y salgo una hora y media después de haber llegado.
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