Martes 14
El primer madrugón del viaje, mucho me temo que alguno más queda. A las cinco salimos de Byron hacia el aeropuerto de Gold Coast. El sueño aprieta y me paso el viaje medio dormido en el microbús que nos sirve de medio de desplazamiento. Es el mismo que nos trajo y lo conduce el mismo personaje, que a pesar de ser noche cerrada, sigue tocado con su particular sombrero. Como yo digo, va en busca del sol. Y efectivamente cuando llegamos a Gold Coast, ya ha amanecido. Llegamos con el tiempo justo, aunque sin prisas, por lo que el facturar y el embarcar es casi seguido, sin pérdidas de tiempo. El vuelo es de aproximadamente hora y media hasta que llegamos a Sydney, donde tenemos que enlazar con otro vuelo hacia Ayers Rock.
El viaje es largo y llegamos al mediodía, además como también cambia la hora no sabemos muy bien qué hora es. Alguna complicación al hora de inscribirnos en el hotel, el no haber comido y el cansancio hacen mella en el ánimo. Cuando todo está más o menos solucionado nos vamos a comer en el primer sitio que encontramos.
El lugar donde nos hospedamos es un recinto en medio del desierto que cuenta con hotel, apartamentos, camping, centro de compras e incluso policía, bomberos y hospital propio, una pequeña ciudad llena de turistas que rompe el encanto del entorno. Claro que no existe otra ciudad en muchiiiiiiiiisimos km. a la redonda. De hecho todo el complejo, incluido el aeropuerto está construido en exclusiva para dar servicio a los turistas que nos acercamos a visitar el parque natural en medio del desierto.
Al mismo tiempo que nosotros se inscriben en el hotel una pareja de italianos que ha llegado en su moto BMW. Tienen que ser expertos moteros para moverse por estas tierras, más que por la dificultad que puedan suponer el trazado de las carreteras, sino por lo solitarias que son tanto en tráfico como en poblaciones a lo largo de su recorrido. A pesar de todo, tiene que ser una gozada recorrer este país en moto, aunque a decir verdad se ven pocos moteros tanto en la zona de la costa como en ésta.
Después de un corto paseo, descubrimos la existencia de un mirador y nos dirigimos hacia él. Se divisa perfectamente el Uluru y decidimos quedarnos allí hasta la puesta de sol. Fotografías a diestro y siniestro y comentarios de todo tipo, según de quien provengan. Al mirador llega más gente y con la puesta de sol damos el espectáculo por terminado.
Vuelta al Desert Resort, duchita de rigor y a cenar. Vamos a la zona denominada Pioneer Obac y optamos por no hacer cola y pedir directamente hamburguesa y cerveza. La carne es muy buena y la hamburguesa lleva de todo... yo que soy de poco comer casi no puedo con ella.
El primer madrugón del viaje, mucho me temo que alguno más queda. A las cinco salimos de Byron hacia el aeropuerto de Gold Coast. El sueño aprieta y me paso el viaje medio dormido en el microbús que nos sirve de medio de desplazamiento. Es el mismo que nos trajo y lo conduce el mismo personaje, que a pesar de ser noche cerrada, sigue tocado con su particular sombrero. Como yo digo, va en busca del sol. Y efectivamente cuando llegamos a Gold Coast, ya ha amanecido. Llegamos con el tiempo justo, aunque sin prisas, por lo que el facturar y el embarcar es casi seguido, sin pérdidas de tiempo. El vuelo es de aproximadamente hora y media hasta que llegamos a Sydney, donde tenemos que enlazar con otro vuelo hacia Ayers Rock.
El viaje es largo y llegamos al mediodía, además como también cambia la hora no sabemos muy bien qué hora es. Alguna complicación al hora de inscribirnos en el hotel, el no haber comido y el cansancio hacen mella en el ánimo. Cuando todo está más o menos solucionado nos vamos a comer en el primer sitio que encontramos.
El lugar donde nos hospedamos es un recinto en medio del desierto que cuenta con hotel, apartamentos, camping, centro de compras e incluso policía, bomberos y hospital propio, una pequeña ciudad llena de turistas que rompe el encanto del entorno. Claro que no existe otra ciudad en muchiiiiiiiiisimos km. a la redonda. De hecho todo el complejo, incluido el aeropuerto está construido en exclusiva para dar servicio a los turistas que nos acercamos a visitar el parque natural en medio del desierto.
Al mismo tiempo que nosotros se inscriben en el hotel una pareja de italianos que ha llegado en su moto BMW. Tienen que ser expertos moteros para moverse por estas tierras, más que por la dificultad que puedan suponer el trazado de las carreteras, sino por lo solitarias que son tanto en tráfico como en poblaciones a lo largo de su recorrido. A pesar de todo, tiene que ser una gozada recorrer este país en moto, aunque a decir verdad se ven pocos moteros tanto en la zona de la costa como en ésta.
Después de un corto paseo, descubrimos la existencia de un mirador y nos dirigimos hacia él. Se divisa perfectamente el Uluru y decidimos quedarnos allí hasta la puesta de sol. Fotografías a diestro y siniestro y comentarios de todo tipo, según de quien provengan. Al mirador llega más gente y con la puesta de sol damos el espectáculo por terminado.
Vuelta al Desert Resort, duchita de rigor y a cenar. Vamos a la zona denominada Pioneer Obac y optamos por no hacer cola y pedir directamente hamburguesa y cerveza. La carne es muy buena y la hamburguesa lleva de todo... yo que soy de poco comer casi no puedo con ella.
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