Páginas

sábado, 25 de agosto de 2012

De Teià a Byron XVII

Viernes 17
Nos levantamos en Alice Spring y nos vamos al centro en busca del desayuno, algunos tienen más hambre que otros y vamos saliendo en diferentes grupos hasta encontrarnos en una terraza del centro después de un largo paseo por el margen de lo que parece ser una gran riera en época de lluvia, tanto es así que la carretera por lo que la atravesamos tiene unas barreras para cerrarla en caso necesario y una barra métrica para indicar la altura que alcanza el agua.
Alice Spring es una pequeña ciudad cuya vida gira alrededor del centro formado por unas cuantas calles perpendiculares que no ocupan más de un Km2. y lo que más llama la atención es la cantidad  de nativos aborígenes que lo pueblan, unos haciendo compras, otros simplemente deambulando y otros sentados en los parques, unos simplemente dejando pasar el tiempo y algunos haciendo cuadros artesanos que intentan vender a los turistas por unos cuantos dólares, mientras que en las galerías de arte, tienen precios prohibitivos. A nuestra mesa se acerca una mendigando, sólo quiere dinero, nosotros le ofrecemos que la podemos invitar a desayunar, pero no acepta e insiste en pedir dinero ya se supone para qué. Abandona el intento y al poco tiempo aparece un coche de policía que la recoge y se la lleva. Después del desayuno, nos dividimos y paseamos por las tiendas que pueblan el centro, mirando y comprando cuatro cosas. Al final decidimos ir al centro de exposición de reptiles y Manel y yo pasamos a verlo. Manel disfruta ya que éste es un tema que siempre le ha apasionado. En medio de una de las salas hay un lagarto gigante que parece de plástico, pero no, está vivito pero no coleando porque no se mueve. Se deja acariciar y lo único que hace es mover ligeramente la cabeza y abrir y cerrar los ojos. Salimos, realizamos unas compras pendientes y algo para hacernos un bocata, pues tenemos que volver al hotel, recoger las maletas y salir hacía el aeropuerto.
Llegamos con suficiente antelación por lo que da tiempo para comer los que no lo habían hecho y hacer un gran rato de cháchara. En el aeropuerto me llama poderosamente la atención la gran moqueta con motivos aborígenes que ocupa parte del suelo y de la que hago algunas fotografías. A las 5:20 cogemos un vuelo de Quantas con destino Cairns. El vuelo se hace muy corto, pues aparte de que ofrecen un refrigerio y la cena, Manel y yo nos liamos a hacer cosas con el ordenador y cuando nos damos cuenta ya estamos recogiendo las maletas, que han llegado a la terminal antes que nosotros.
Los que dominan el inglés negocian la contratación de un minibús que nos pueda llevar a todos juntos al hotel que está situado en el mismo centro de la ciudad.
Cairns es una ciudad típica de costa, con una característica que la hace especial, y es que a pesar de tener playa, no se puede utilizar, ya que allí la existencia de medusas mortales y cocodrilos la hace extremadamente peligrosas. Como sucedáneo, se ha construido una gran piscina que permite el remojón para refrescarte.
A la hora que llegamos y al ser viernes, hay una gran actividad de jóvenes que van de un lado para otro llenando los pubs que abundan en la zona. Damos un paseo y poco a poco y en diferentes etapas vamos volviendo al hotel. Mari y yo decidimos pasear un rato más y nos acercamos hasta el puerto deportivo donde hay una gran zona de ocio de restaurantes y bares de copas de mucho más lujo que lo que hasta ahora habíamos visto en el centro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario