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jueves, 6 de septiembre de 2012

¡Sonría por favor!

Tengo fama de ser serio e incluso antípático. ¡Qué le vamos a hacer! Uno es así y a cierta edad es difícil cambiar.
El caso es que durante estas vacaciones y viendo el clima de relajación y buen rollo que había en Byron me hice el firme propósito de mejorar mi aspecto facial para que al menos los que conmigo conviven no tengan esa mala sensación.
En Byron todo son saludos de buen rollo, eso sí un solo beso acompañado de un abrazo con friega incluida en la espalda y sonrisa de oreja a oreja a menudo acompañados de un grito de alegría por el encuentro.
He llegado a la conclusión de que el estado de ánimo no sólo depende de las personas sino también del entorno, y es que, la verdad, no he sido capaz de cumplir mi propósito. Pero como siempre digo que cuando se falla en algo  hay que buscar a otro para hacerle culpable. Pues me he aplicado mi medicina.
Hoy he estado en Barcelona en una reunión de trabajo. He ido en tren y a la vuelta me ha llamado la atención que aparte de la gente desconectada del mundo más cercano y conectada con la nube nadie hablaba  ni consigo mismo y lo que es más grave nadie sonreía, más bien todo el mundo tenía cara de pocos amigos. He llegado a la conclusión de que la situación por la que estamos pasando nos está machacando anímicamente y todos estamos dentro de una seudodepresión que no nos deja gozar del simple hecho de vivir y viajar en un tren que va paralelo a un precioso mar, lo que en otro momento seguro nos haría cambiar el rictus de nuestros rostros.
Al final del trayecto, dos brotes para la esperanza. Una chica comenta por teléfono al bajar, yo estaba al lado de la puerta, que ha encontrado un trabajo mejor que el que tiene y que va cambiar para bien. Una vez fuera del tren, otra también le comenta a otra que ha encontrado trabajo, aunque un poco lejos y que se tendrá que comprar un coche aunque sea de tercera mano. Parece que la visita de la Merkel va dando resultados.

2 comentarios:

  1. La verdad es que una sonrisa abre mil puertas, eso le digo a mi novia, la otra vez fuimos a una institución y ella con la respectiva seriedad producto de la cola poco la tomaron en cuenta, en cambio otra chica entró con tremenda sonrisa y rápidamente le atendieron.

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