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miércoles, 20 de febrero de 2013

Un dia cualquiera, o no


Leo esta tarde el post que ha escrito en su blog, El Café de Ocata,  un amigo e intento imitar, salvénse las distancias, lo que él escribe.
Ayer como cualquier otro día me voy a trabajar y nada más comenzar la jornada, me suena el teléfono. Es un compañero que me avisa que no llegará a tiempo de comenzar las clases y que no sabe cuándo llegará, ya que tiene un problema personal que en su momento me comentará. Yo a modificar horarios a contrarreloj y a avisar a los que le sustituirán. Al volver al despacho me encuentro con una madre que gratuitamente se dedica a calumniarme por las más altas instancias y a la que convoco a una reunión para el viernes, no sin antes advertirla que la haremos con testigos o con una grabadora delante. No me fío de ella. Ya en el despacho otro problema, una compañera se queja de que otra profesora puso el día anterior un castigo a sus alumnos, imposible de realizar y por lo que la clase está revuelta, alborotada y acobardada en según qué casos. Hablo con la maestra en cuestión  y todo ha sido un malentendido. La aconsejo que suba a la clase   y que hable con la profesora y los alumnos y aclare la situación, yo mientras tanto me iré a la que ella tiene que ir. Son las 9 de la mañana y yo he entrado al colegio poco antes de las 8:30. Me quedan por delante todavía 6 horas como mínimo en el cole, tareas de despacho, reunión de coordinación y dos clases con unos alumnos que en su mayoría cada vez tienen menos educación y nada de sentido del esfuerzo, aunque la clase de plástica. En todo este tiempo he tenido que solventar problemas de disciplina, tragarme algún correo al que no pienso contestar, comprobar la dejadez y falta de profesionalidad de alguna compañera... etc... etc... No sigo.
Por la tarde la cosa cambia, nos vamos a Barcelona, precisamente  a la presentación de un libro de este amigo. Antes de entrar quedamos para tomar una cerveza y allí compartimos las malas noticias que comenta hoy en su blog y otras mejores. Acabamos el día tomando otra cerveza y con la entusiasta charla de sus colegas intelectuales, que nos alegran la vida de entre la medianía que nos rodea.
Como veis dos vidas paralelas, la de él y la mía... Ya quisiera yo.

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