Ahora que en breve comenzará un nuevo curso que para mí será el primero en muchos años que no comenzará, voy a permitirme el lujo de publicar las ideas y pensamientos que durante mi vida profesional y actual me vengan a la cabeza sobre educación y sobre todo sobre el funcionamiento de la educación en España.
En primer lugar y de aplicación general para todas las Comunidades Autonómicas que quieran tomarse en serio el reto de la educación de sus ciudadanos es la creación de una LEY totalmente consensuada y cuyas bases hayan sido puestas por verdaderos profesionales, no por titulados de despacho ni políticos, algunos de los cuales sólo les interesa el Marca. De su redactado que se encarguen especialistas en lenguaje legislativo. Y los políticos que se limiten a aprobarla.
¿Cómo puede ser que haya una Constitución en este país de la que solamente, y por imposición de los MERCADOS, sólo se ha cambiado un artículo y que cada vez que se debate su revisión se ponga el grito en el cielo. ¡Pero si seguramente su redactado inicial esté escrito en máquina de escribir manual!
Si pensamos en los cambios sociales y tecnológicos que se han producido desde su aprobación... nos suena a prehistórica. ¿Es éste el propósito de cambio y actualización de nuestros dirigentes?
Sin embargo en ese mismo periodo de tiempo ha habido tantas leyes de educación estatales y algunas autonómicas que ni siquiera me tomo la molestia de enumerarlas, ya que me costaría un esfuerzo de memoria que estos momentos no estoy dispuesto a realizar.
Todas ellas tienen algunos aspectos en común:
En primer lugar y de aplicación general para todas las Comunidades Autonómicas que quieran tomarse en serio el reto de la educación de sus ciudadanos es la creación de una LEY totalmente consensuada y cuyas bases hayan sido puestas por verdaderos profesionales, no por titulados de despacho ni políticos, algunos de los cuales sólo les interesa el Marca. De su redactado que se encarguen especialistas en lenguaje legislativo. Y los políticos que se limiten a aprobarla.
¿Cómo puede ser que haya una Constitución en este país de la que solamente, y por imposición de los MERCADOS, sólo se ha cambiado un artículo y que cada vez que se debate su revisión se ponga el grito en el cielo. ¡Pero si seguramente su redactado inicial esté escrito en máquina de escribir manual!
Si pensamos en los cambios sociales y tecnológicos que se han producido desde su aprobación... nos suena a prehistórica. ¿Es éste el propósito de cambio y actualización de nuestros dirigentes?
Sin embargo en ese mismo periodo de tiempo ha habido tantas leyes de educación estatales y algunas autonómicas que ni siquiera me tomo la molestia de enumerarlas, ya que me costaría un esfuerzo de memoria que estos momentos no estoy dispuesto a realizar.
Todas ellas tienen algunos aspectos en común:
- Se han hecho a conveniencia del partido gobernante, sin tener, en la mayoría de los casos, la aprobación y el consenso suficiente de la comunidad educativa (también hablaré en su momento de mi parecer sobre la "comunidad educativa").
- La mayoría no han contando con los presupuestos suficientes para poderse aplicar.
- También que ninguna, puede haber alguna excepción que confirme la regla, se ha podido aplicar en su totalidad y evaluar con criterio, bien por falta de presupuesto o porque sencillamente el cambio de gobierno después de su puesta en marcha ha facilitado su derogación y la puesta en marcha de otra que ha seguido sus pasos.
- Si preguntamos a muchos profesionales de forma rápida cuál está en vigor en estos momentos dudarán o no sabrán responder.
- Que a los que las hemos sobrevivido, nos ha dado igual cuál estaba en vigor, pues siempre lo que hemos querido era lo mejor para nuestros alumnos y así lo hemos hecho. ¡Apañados hubiésemos estado si algunos de sus artículos los hubiésemos aplicado al pie de la letra!
Si hay ganas... en pocos folios se sientan las bases para una Ley de Educación de verdad. Lo que me da la impresión es de que no hay ni ganas ni mucho menos interés. Y no es cuestión de dinero sino de voluntad política. No interesa un pueblo culto, es mejor tenernos aborregados. (Continuará)