4ª Etapa Triacastela - Sarria
Anoche, como os he contado en la entrada anterior, tuvimos una cena amenizada con canciones en directo, tan en directo y tan cerca que teníamos la cabeza como un bombo. Un grupo de franceses no paró de dar la tabarra a coro.
Esta mañana casi hemos empezado igual. Al principio de la etapa, dos jóvenes y una señora no tan joven han llegado en taxi, seguramente procedente de alguna casa de hospedaje situada en el campo. Se han bajado y han comenzado el trayecto al mismo tiempo que nosotros. Sería lo más normal a no ser que también iban acompañados por música enlatada a toda pastilla que recordaba los antiguos loros que hasta hace unos años veíamos por la calle. Obviamente y hablando en la jerga de los pescadores, les hemos dado carrete hasta que se han alejado de nosotros. Por lo demás ha sido una etapa tranquila, pero con más dificultad de lo previsto.
Lo que iba a ser una etapa llana se ha convertido también en un poco rompepiernas con muchas subidas y bajadas, alguna de ellas muy pronunciadas.
El camino discurre en su primera y principal parte entre bosques de castaños y hayedos que proporcionan una sombra que en tiempos calurosos deben proporcionar un ambiente agradable al caminante. Hoy se hubiese agradecido en algunos tramos un poquito más de sol.
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| Comunidad de jóvenes |
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| Conchas que han dejado de recuerdo los peregrinos |
Pasamos por pequeñas aldeas casi o totalmente despobladas hasta llegar a otra un pelín más grande donde unos jóvenes parece que viven en comunidad en una gran casa con patio y terreno para cultivar. Ofrecen al caminante diferentes tentempiés a cambio de la voluntad. Es esta una práctica que ya hemos visto otras veces en otros tramos del Camino y que les sirve para subsistir.
| Aquí estoy, tan tranquila |
| Muchos peregrinos se hacen la foto de rigor en el mural. |
Continuamos nuestra marcha por un entorno en el que han desaparecido los bosques y predominan los campos de cultivo y el paisaje está más despejado. El sol y el calor nos acompañan hasta nuestro destino. También alguna cigüeña, que sin duda acostumbrada al trasiego de peregrinos, apenas se inmuta por nuestra presencia.
La etapa ha sido la más suave hasta ahora y llegamos la pensión Ana que se encuentra a la entrada de Sarria, justo encima del mesón Martin cuyo dueño es el que nos recibe. Nos sorprende su amabilidad y sus pocas prisas por cobrar. Lo primero que hemos hecho hasta ahora ha sido pagar el alojamiento. Esta misma despreocupación la tiene cuando te sirve alguna consumición o la cena, - "no hay prisas ya nos veremos mañana cuando salgáis".


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