Lunes 16 de marzo.
Llego de Guadalajara a las 5:30 de la tarde. Mi madre ha estado ingresada varios días, he perdido la cuenta, por un dolor agudo y muy fuerte en la espalda debido a una hernia discal y múltiples lesiones en la columna provocadas por la artrosis y la osteoporosis, debidas también a su edad. Me he pasado casi todas las noches y parte de los días confinado con ella, primero en su casa y después en su ingreso, cuando los médicos de asistencia primaria tiraron la toalla y nos enviaron al hospital, pues con sus medios no eran capaces de parar el dolor.
Han sido unos días duros, ya no por la permanencia en el hospital, que también, sino por ver cómo una persona mayor de 92 años se retuerce literalmente de dolor durante varios días con sus noches.
El ambiente en la planta de geriatría es de lo más deprimente. La mayoría de las personas allí ingresadas no dejan de ser árboles caídos que no se volverán a levantar, totalmente ausentes, otros inmersos en su ficticia realidad que no dejan de ser tristes imaginaciones para los que allí estamos , se supone en unas más que notables condiciones físicas y mentales.
Cuando la ingresaron la hospitalizaron en una habitación en la que una señora de su misma edad, pero evidentemente, en peores condiciones físicas se recuperaba de un ictus que principalmente la había afectado al habla. como suele suceder en estos casos enseguida interrelacionas con los acompañantes, en este caso una señora de más o menos mi edad a la que ni corto ni perezoso, después de un rato de conversación intrascendente le hago llegar mi reflexión acerca de por qué se tiene que llegar a estos extremos a base de una medicina que lo único que te hace es respirar y mantenerte en un estado latente, cuando lo mejor sería, a mi entender, un método para acabar con todo ello de manera sencilla para aquellas personas que así lo deseasen. ¡Madre mía! En la hora que se me ocurrió la idea... estaba en el lado opuesto, pero bueno ahí quedó la cosa.
Posteriormente pasaron otras dos compañeras más de habitación.
Y a todo esto, un personal sanitario para quitarse el sombrero. He sido usuario de la medicina privada y no puedo hablar mal de ella, pero lo que no entiendo es que se critique el trabajo de los profesionales de la pública. Aunque obviamente hay sus excepciones, yo mismo me enfrenté verbalmente con una auxiliar, su labor y trato hacia los enfermos e incluso acompañantes es para quitarse el sombrero.
Llego de Guadalajara a las 5:30 de la tarde. Mi madre ha estado ingresada varios días, he perdido la cuenta, por un dolor agudo y muy fuerte en la espalda debido a una hernia discal y múltiples lesiones en la columna provocadas por la artrosis y la osteoporosis, debidas también a su edad. Me he pasado casi todas las noches y parte de los días confinado con ella, primero en su casa y después en su ingreso, cuando los médicos de asistencia primaria tiraron la toalla y nos enviaron al hospital, pues con sus medios no eran capaces de parar el dolor.
Han sido unos días duros, ya no por la permanencia en el hospital, que también, sino por ver cómo una persona mayor de 92 años se retuerce literalmente de dolor durante varios días con sus noches.
El ambiente en la planta de geriatría es de lo más deprimente. La mayoría de las personas allí ingresadas no dejan de ser árboles caídos que no se volverán a levantar, totalmente ausentes, otros inmersos en su ficticia realidad que no dejan de ser tristes imaginaciones para los que allí estamos , se supone en unas más que notables condiciones físicas y mentales.
Cuando la ingresaron la hospitalizaron en una habitación en la que una señora de su misma edad, pero evidentemente, en peores condiciones físicas se recuperaba de un ictus que principalmente la había afectado al habla. como suele suceder en estos casos enseguida interrelacionas con los acompañantes, en este caso una señora de más o menos mi edad a la que ni corto ni perezoso, después de un rato de conversación intrascendente le hago llegar mi reflexión acerca de por qué se tiene que llegar a estos extremos a base de una medicina que lo único que te hace es respirar y mantenerte en un estado latente, cuando lo mejor sería, a mi entender, un método para acabar con todo ello de manera sencilla para aquellas personas que así lo deseasen. ¡Madre mía! En la hora que se me ocurrió la idea... estaba en el lado opuesto, pero bueno ahí quedó la cosa.
Posteriormente pasaron otras dos compañeras más de habitación.
Y a todo esto, un personal sanitario para quitarse el sombrero. He sido usuario de la medicina privada y no puedo hablar mal de ella, pero lo que no entiendo es que se critique el trabajo de los profesionales de la pública. Aunque obviamente hay sus excepciones, yo mismo me enfrenté verbalmente con una auxiliar, su labor y trato hacia los enfermos e incluso acompañantes es para quitarse el sombrero.
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